
En abril de 2025, Ángel Alcober Monfil falleció a los 85 años. Ángel fue, ante todo, un hombre de raíces profundas. Hijo de Amador y María Inés, creció bajo el amparo de una familia que le enseñó el valor del esfuerzo. Agricultor de profesión, trabajó durante décadas la tierra. Sin embargo, su alma era la de un hombre inquieto, con ganas siempre de aprender. En la música encontró su verdadera pasión.
Hoy queremos recordarle. El pasado mes de abril se cumplió el primer aniversario de su fallecimiento.


La música y mosén León
Ángel siempre decía que gran parte de lo que era se lo debía a su maestro, Pedro León Andía Labarta, el sacerdote que con su talento y enseñanza transformó Valdeltormo en un pueblo de músicos.
Recordaba con una ternura especial los primeros años de aprendizaje musical cuando, con apenas cinco años, comenzó a estudiar solfeo en la antigua casa parroquial, hoy desaparecida. Allí, en la dureza de la posguerra, la música se convirtió en la actividad principal para los jóvenes de Valdeltormo. Ángel destacaba la figura de mosén León no solo como un músico excepcional, sino como un hombre generoso que enseñó a toda una generación sin cobrar jamás ni una peseta, regalando un futuro artístico al pueblo.

Como monaguillo, Ángel Alcober estuvo siempre muy cerca del sacerdote, ayudándole con dedicación en la iglesia. Aquella relación forjó una amistad que duró siempre. Juntos compartían las salidas al Mas del Labrador, donde Ángel asistía al párroco en sus tareas pastorales y en su gran afición por la fotografía, ayudándole a retratar a los vecinos de Valdeltormo y Valjunquera. Las enseñanzas de mosén León, tanto musicales como de vida, le acompañaron siempre.
Con 12 años tocaba el bombardino en la banda que había formado Andía Labarta. Fue en 1952 cuando, siendo apenas un niño y el integrante más joven del grupo, realizó su primera salida del pueblo para tocar en la banda, un recuerdo que guardaba con orgullo.


La música siempre estuvo presente en su vida
Como la mayoría de los jóvenes que aprendieron música con el sacerdote, Ángel hizo el servicio militar tocando un instrumento. En su caso fue en la banda del cuartel de Zaragoza.
A los 16 años había empezado a tocar con las primeras orquestas que se formaron en Valdeltormo. Debutó con Palma Balear, compuesta por los alumnos más aventajados del párroco. Durante décadas, su presencia fue constante en numerosas orquestas y charangas, demostrando una versatilidad asombrosa con toda la familia de saxofones, el trombón, el acordeón o el bajo. Incluso en la década de los 90, su fe y su arte se unieron al participar activamente en el coro parroquial, tocando junto a otros músicos en los días grandes de fiesta.


Fue un colaborador incansable con esta Web, la de Valdeltormo, siempre entusiasmado por difundir nuestra cultura y la historia local. Gracias a su generosidad, pudimos rescatar del olvido las enseñanzas de mosén León y entender cómo aquel sacerdote transformó Valdeltormo en un pueblo de músicos, una herencia que Ángel defendió y practicó con orgullo.
Su legado, su familia
La música fue su pasión, pero su verdadero tesoro fue su hogar. Junto a Teresa, su compañera de vida, formó la familia que fue su mayor orgullo.

Sus dos hijos y sus nietos son hoy los guardianes de un legado que Ángel compartió hasta sus últimos días, participando en la Semana Santa de Valdeltormo. Entre túnicas y redobles, disfrutaba tocando el tambor y el bombo junto a los suyos. Verlo compartir esos momentos con sus hijos y nietos era ver la historia de Valdeltormo en movimiento: una herencia de valores y sonidos que no se detiene.
Aunque hoy su maza y sus palillos hayan quedado en silencio, el eco de su toque seguirá resonando cada primavera en las manos de su familia, que mantiene viva la tradición que él tanto amó. Sus instrumentos siguen en casa, especialmente su colección de saxofones que con tanto cuidado guardaba.

Ángel Alcober se ha ido, pero su generosidad, su música y su ejemplo de hombre de bien se quedan para siempre en el corazón de Valdeltormo.

Fa deu anys li vaig fer una entrevista a la revista Temps de Franja. Podeu llegir-la a: TempsdeFranja-TdF-D26-1.pdf
Volia comentar que la casa parroquial encara la tenim en peu però modificat el seu interior. És l’actual casa de l’Enrique Giner i la Paca Puyo, enfront de l’antic forn de la Vila ara convertit en una plaça enjardinada, els actuals propietaris la hi van comprar a mossèn León cap a la dècada dels 60. L’antic edifici tenia dos entrades pel carrer del Forn, era la principal, i recordo que hi havia una sala molt gran enrajolada amb fotografies de la primera banda. Aquí assajaven els més grans. Una altra porta era al carrer de la Pujada al Castell -Virgen del Rosario-. Allà hi havia dos espais el primer, només entrar, més menut, i un altre més gran a l’interior, on recordo que en una taula gran i cadires al voltant, el rector ens donava les classes de solfeig. Abans del tele-club.
Fa uns deu anys, quan tenia la meua mare a la residència de Calaceit, encara hi vam anar l’Angel amb el saxo, mon germà i jo amb les guitarres a tocar alguns domenges als residents. Alguns dies quedàvem a casa seua per assajar el nostre repertori. Ell disfrutava tocant en grup. I en família. De tant en tant es queixava dels llavis apretant a la boquilla de l’instrument: la tenora o el saxo, anava alternant.
Recordo un dia assajant mos va sentir l’Angel Sancho, un altre gran músic del rector, va entrar recordant emocionat el seu passat. I mos anava cantant la notació musical de les cançons que interpretava de jove. Quina memòria!
Además de su faceta como músico, hay algo que no todo el mundo sabe y que me gustaría destacar: Ángel fue una pieza clave para recuperar la memoria de nuestro pueblo. Me ayudó personalmente a identificar muchos nombres y apellidos de vecinos en fotos de hace más de 50 años que había hecho León Andía. Muchas de esas fotos se publicaron en el libro «Memoria gráfica de Valdeltormo». Su generosidad y su memoria fueron un regalo para que nuestra historia no se perdiera.